Mientras que las autoridades dicen estar más atentas que nunca, los delitos comunes crecen en la ciudad: 15 por ciento el robo a casas, 42 por ciento a personas y 59 por ciento las violaciones
Una vez, un ladrón prácticamente se metió al auto de Julia para arrancarle una cadena del cuello, cuando ella esperaba la luz verde. En otra ocasión, la asaltaron para quitarle una pulsera. Mientras veía unas telas en una tienda del Centro, un carterista sacó el monedero de su bolsa de mano. Y también la han llamado para extorsionarla argumentando el secuestro de su hijo.
Vivir situaciones como éstas no es extraño para alguien que lleva más de 40 años en Guadalajara. Pero a Julia le ocurrió todo esto en los últimos 12 meses. En la época de la llamada “Lucha contra el Crimen Organizado”, cuando parece que las fuerzas del orden de todos los niveles están más vigilantes que nunca, el número de delitos denunciados en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) alcanzó los 12 mil 40 sólo en el primer trimestre de 2011, según se desprende de un análisis de las cifras oficiales de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJEJ).
Así en los primeros tres meses del año se cometieron 134 delitos todos los días. Esta cifra implica un aumento de 392 fechorías, cuatro delitos diarios más, respecto al mismo lapso de 2010.
Hay un claro aumento en los hechos delictivos que podrían estar relacionados con el crimen organizado; por ejemplo, los homicidios dolosos crecieron 117 por ciento. Sin embargo, a río revuelto, quienes parecen estar aprovechando la situación son los delincuentes de otros ámbitos, aquellos que afectan al común de los habitantes de los cuatro municipios metropolitanos.
De acuerdo con el análisis de los números de la PGJEJ, el robo de motocicleta creció 123 por ciento; el robo a persona, 42 por ciento; el robo a vehículos particulares, 39 por ciento; robos varios, 37 por ciento; el robo a negocios creció 34 por ciento; el robo de autopartes, 32 por ciento, y el robo a casa habitación, 15 por ciento. Las denuncias por violación aumentaron 59 por ciento en ese lapso.
Esto implica que todos los días roban cuatro casas, asaltan a cuatro personas y desaparecen 13 autos del lugar en el que los dejaron sus dueños. También quiere decir que en los primeros tres meses del año, al menos 51 personas, madres, hermanos, hijas e hijos, fueron víctimas de un violador. El martes 17 de mayo se llegó a una cifra redonda en lo que a asaltos bancarios se refiere: 60 en el año.
“La delincuencia común, los de robo a casa habitación, robo de autopartes, los que son carteristas, ahora están aprovechando todo este ataque que están haciendo las autoridades al crimen organizado, esta revuelta, esta confusión, para ellos poder dedicarse a actividades que originalmente ellos no realizaban”, señala Francisco José Gutiérrez, director del Centro de Evaluación e Investigación Psicológica en la Universidad de Guadalajara (U de G).
Peor aún, hay estudios que indican que todo esto es apenas una cuarta parte del problema, pues de cada 10 delitos, apenas 2.5 se denuncian, explica Dante Haro, profesor e investigador del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la U de G y especialista en temas de seguridad.
denunciar o no denunciar
Juan es un estudiante universitario al que le robaron su computadora. Sabe que cometió un error: la puso debajo del asiento de su auto mientras compraba algo para el calor en una tienda de conveniencia. Cinco minutos después, alguien había roto su cristal y se había llevado su máquina.
El colmo llegó unos días después, cuando entró a su nueva cuenta en las redes sociales y vio que el ladrón estaba usando la antigua. Al confrontarlo, incluso le ofrecieron “venderle” su equipo.
Cuando se molestó y le cuestionó cómo se atrevía a vivir de despojar a otros, la respuesta fue muy clara: “Mañana me llevó a Cancún a mis papás con lo que gano robando”.
Ni Juan ni Julia (ninguno de los nombres es verdadero) denunciaron los hechos. El miedo que sienten a las represalias es mayor al de volver a ser víctimas de estos delitos. Además, saben que poco harían las autoridades para solucionar el problema.
“Del 100 por ciento de los delitos, y los datos son aterradores, el 98.3 ciento llega a quedar impune, y únicamente el 1.7 por ciento de todo lo que se da llega a recibir más de tres años de prisión”, afirma Haro. “Para el delincuente es mejor que ir a Las Vegas: tengo 98 por ciento de posibilidad de que no se me detenga, de que no se me dé más de tres años de prisión, pues me voy a delinquir; realmente la ganancia es muy alta (…). A mí me dan risa las propuestas de algunos diputados y algunos partidos que dicen ‘vamos poniendo pena de muerte a los secuestradores’; no, el problema no está en endurecer, sino que tienen 98 por ciento de posibilidades de que no lleguen (a la cárcel)”.
El experto en seguridad lo ilustra con un ejemplo muy claro: si el delincuente estuviera jugando a echar volados, ganaría 98 de cada 100 ocasiones que lanzara la moneda. Y en ese sentido, el criminal tiene un pensamiento puramente económico: busca el mayor beneficio al menor costo.
“Ante una posibilidad tan alta de éxito, muchas personas se ven incentivados a cometer ilícitos, a cometer crímenes, pues sienten que sus posibilidades de salir airosos son altas”, opina Oscar Benavides, presidente del Centro Empresarial de Jalisco (CEJ).
“A veces se genera la percepción de que la gente que termina en la cárcel es la gente que no tiene posibilidades de defenderse, inclusive gente inocente”.
Apenas un día antes de la entrevista, el líder de los empresarios en Jalisco, conoció de un caso cercano de delincuencia.
“Ayer, un vecino mío, su hijo, venía caminando de una cuadra de distancia, y lo asaltaron y lo golpearon; yo vi al pobre muchachito todo asustado. Creo que, de repente, todos vemos casos de esos, y son los que nos alteran e indignan mucho”.Benavides señala que una patrulla llegó casi inmediatamente, lo que puede ser una señal a favor del incremento en los presupuestos de las fuerzas de seguridad e impartición de justicia. Pero si bien éste es un paso necesario, es insuficiente: Haro señala que en los pasados 8 años se ha invertido cuatro veces más en este ámbito en el estado.
“Para el delincuente es mejor que ir a Las Vegas: tengo 98 por ciento de posibilidad de que no se me detenga, de que no se me dé más de tres años de prisión, pues me voy a delinquir; realmente la ganancia es muy alta (…).
“Pero yo como ciudadano no me siento cuatro veces más seguro; vemos que el problema no es sólo el aspecto de meterle más dinero”, dice.
Entre las medidas que se recomiendan están la coordinación de las policías de todos los niveles, que las procuradurías integren mejor los casos, y que los jueces trabajen de una manera honesta, correcta, transparente y expedita. Pero se debe comenzar por ofrecer una mejor forma, y más segura, de denunciar.
“No se denuncia porque hay una parte de desconfianza en las instituciones: ‘yo para qué denuncio si no pasa nada, yo para qué denuncio si al ratito se me va a voltear’”, indica Haro.
economía, razón de fondo
Pero ni la facilidad en la denuncia ni la coordinación entre las fuerzas de lucha al delito ni ninguna otra medida serán suficientes si no se combaten las causas originales de los mismos, que tienen que ver más con situaciones económicas y sociales que de seguridad.
“Lo que tenemos a nivel de políticas públicas prácticamente es una lógica de violencia contra las condiciones de trabajo digno, contra las condiciones de trabajo estable y, además, con un discurso excesivamente optimista de decir: ‘ya la hicimos y vamos bien’; entonces, lo que estamos teniendo es que la gente entra de manera más desesperada a obtener recursos de como sea”, considera Ignacio Román Morales, profesor investigador del Departamento de Economía, Administración y Mercadología del Iteso.
“El como sea es, efectivamente, que puede ser cualquier tipo de actividad ilegal, que puede ser desde lo más doloroso y terrible a nivel social, como es el caso de los secuestros, del narco, de lo que le han denominado en términos generales la violencia organizada, como lo puede ser cualquier otra forma de pequeños hurtos”.
Por supuesto que la pobreza no es sinónimo de delincuencia: según cifras oficiales, hay más de 50 millones de mexicanos que están en esa situación, y por supuesto no todos se dedican a delinquir. En sentido contrario el axioma tampoco funciona: el mexicano Joaquín “Chapo” Guzmán, el delincuente más buscado por los Estados Unidos, está en la lista de Forbes entre los hombres más ricos del mundo, con una fortuna superior a los mil millones de dólares.
Pero no se puede negar que hay una clara relación entre la situación económica y la delincuencia, algo de lo que las autoridades prefieren no darse cuenta, señala Román Morales.
“La generación de empleo es débil y, además, es mala. Es decir, se está concentrando cada vez más en empleo precario porque no estamos creando mejores condiciones de trabajo, sino es en cuestiones de eventualidad, en cuestiones de subcontratación”, dice.
“El problema es que al nivel que lo están manejando (las autoridades estatales) es una manera de no entender la problemática de la violencia más que como un asunto entre buenos y malos, y donde justamente no se encuentran las raíces de la violencia en la brutal falta de oportunidades y de cuidados reales al nivel de vida de la población”.
Este año, Jalisco necesita crear 75 mil empleos, pero las perspectivas empresariales rondan entre los 48 mil y 50 mil trabajos nuevos, señala Benavides, del CEJ.
Los empresarios deben generar empleos y ser más competitivos, reconoce el líder empresarial, pero afirma que para esto se requiere que el Congreso de la Unión privilegie el análisis de las reformas estructurales, sobre todo de la laboral y de la fiscal.A todo esto hay que sumarle una creciente devoción al consumo, lo que hace más patente la falta de oportunidades en el estado.
“Parece que no importa cómo lo hayas conseguido, sino que lo que importa es que traigas dinero, que traigas un buen carro, buena ropa; entonces, muchos jóvenes, en virtud de que no hay muchas posibilidades, están ingresando a la delincuencia”, dice Haro, de la U de G.
Si a esto se agrega que el 30 por ciento de los jaliscienses está en una edad altamente productiva, de los 15 a los 33 años; que hay pocas opciones de esparcimiento para todo tipo de personas, y que las universidades públicas rechazan a un buen número de candidatos (la U de G hace lo propio con 39 por ciento de quienes realizan los trámites), entre otros factores, no debería sorprender a nadie que el delito vaya en aumento.
“Es un caldo de cultivo para que se presenten estos delitos menores”, señala el académico.
violencia, apatía y miedoEl ambiente de violencia al que están expuestos los ciudadanos, en buena medida a través de los medios de comunicación, tiene consecuencias graves. Tal vez una de las peores es la generación de más violencia.
“Hay personas que reaccionan cortándose, hay otras que pueden reaccionar pegando en la pared, rompiendo las cosas o también puede ser que esta agresividad esté dirigida hacia otros: gritando, amenazando, intimidando, prohibiendo, comportándose en forma intolerante”, señala Gutiérrez, del Centro de Evaluación e Investigación Psicológica.
“Es un proceso psicológico que se denomina identificación con el agresor. Este comportamiento lo hemos visto, por ejemplo, en las familias cuando se da una violencia en cascada: Marido agresivo que agrede a la madre, la madre agrede a los hijos y los hijos pueden llegar a tener comportamientos violentos. La violencia social estructural cada vez puede ir escalando más”.
No es un fenómeno extraño, coincide Haro: si el ciudadano se siente en la indefensión por parte de las autoridades, busca la forma de defenderse mediante sus propios medios.
“Por eso el fenómeno de los linchamientos, pues la gente dice ‘yo ya no creo en la autoridad, así que mejor vamos a hacer justicia por nuestra propia mano’”, comenta.
Para agravar la situación, también se está generando un fenómeno de apatía. No sólo nos quedamos pasmados ante un acto delictivo sangriento, sino que ahora muchos optamos por no hacer nada cuando vemos que a alguien lo están asaltando en la calle.
“Se ha empezado a dar una naturalización de la violencia porque ha habido ciudades en las cuales ya ocurren eventos violentos en plena luz del día en una zona céntrica, y la población pareciera ser que ya no tiene esa misma respuesta ante el fenómeno de la violencia”, señala Gutiérrez.
Apatía respecto a los otros y miedo respecto a uno mismo y los suyos, aunque nunca les haya pasado nada directamente, en un fenómeno que se denomina encadenamiento catastrófico.
“Es decir, si a mis vecinos ya les pasó, si a mis familiares ya les pasó, ahora me toca a mí; puede esto ser un detonante de toda una serie de preocupaciones, los síntomas pueden ser una cantidad inimaginable de síntomas que afectan el dormir, las relaciones sociales, el aprendizaje, los procesos psicológicos básicos, afecta el establecimiento de relaciones o la sana convivencia”, agrega.
“La persona puede empezar a estereotipar de forma inadecuada su tiempo libre porque ahora no quieren salir de casa. Pueden estar frente al televisor o la computadora. Esta misma situación va agravando el estado psicológico”.
el futuro y las opciones
Para Haro, de la U de G, mientras no haya cambios de fondo en las forma de abordar los problemas sociales y económicos, no hay una perspectiva positiva en la disminución de los delitos.
Pero para Román Morales, del Iteso, la inyección de recursos públicos y privados que se espera como resultado del entorno político para el próximo año puede cambiar el panorama… temporalmente.
“(Se buscará) dar una imagen de mejora sustantiva, vía generación directa de empleos, vía incremento de demanda, vía transferencias sociales cuando menos desde fines de este año hasta julio del año próximo. ¿Por qué? Porque, pase lo que pase, hay que dar la impresión de que estamos bien en el momento de las elecciones”, señala.
“El problema que veo, curiosamente, no es tanto en el corto plazo, pensando hasta julio agosto del año próximo, sino qué va a ocurrir después”.
Reiteradamente se pidió una entrevista con el presidente de la Comisión de Seguridad Pública y Protección Civil en el Congreso local, el priista Sergio Armando Chávez Dávalos, así como con el secretario de Seguridad Pública, Luis Carlos Nájera, y el procurador general de Justicia del Estado, Tomás Coronado, ambos, funcionarios panistas. Ninguno quiso hablar de este tema.
Pero ante el silencio de los encargados de la seguridad y la justicia en el estado, parte de la opción de mejora la tienen los ciudadanos y las organizaciones civiles. Por ejemplo, señala Gutiérrez, las universidades deben seguir haciendo investigación que explique las causas de la inseguridad, mientras que las asociaciones civiles, a través de las juntas de vecinos y las parroquias, pueden crear programas de cooperación como los de vecinos vigilantes y tener una mayor comunicación con las autoridades policiales.
“El elemento de la seguridad es demasiado importante para que todo se lo dejemos al gobierno, todos debemos poner nuestro granito de arena”, afirma Benavides, de la Coparmex Jalisco.
Pero conservar la esperanza no es tan sencillo: el domingo 15 de mayo, a un reportero le robaron su grabadora mientras asistía a la clausura de la Feria Municipal del Libro y la Cultura de Guadalajara.El robo no sólo ocurrió en pleno patio central del Ayuntamiento tapatío, sino que sucedió a minutos de que policías municipales recibieran un reconocimiento por parte de los organizadores. Un reconocimiento a su buena labor.
*editor de Manos libres